Mosqueteros de Yehovah

Eclesiastés Capítulo 8

 Versos del 1 al 9

Consejero real. El apartado anterior se ubicaba perfectamente dentro de los grandes temas de la sabiduría tradicional de Israel y de los pueblos vecinos.

Lo mismo podemos decir de esta nueva sección, aunque la reflexión gira en torno a otro asunto distinto, el consejero real. Son normas de comportamiento en la corte que ocupan gran parte de la sabiduría egipcia que tanto influyó en Israel (2 Samuel 7; Salmo 89).

Muchas de estas instrucciones consisten en el adiestramiento que un anciano ejerce sobre el joven rey.

Nos encontramos de nuevo con el típico recorrido que hace Qohelet, experiencia personal “versus” sabiduría tradicional y conclusión.

En este caso, la actitud del consejero real ante el rey es el material de su experiencia.

La exposición de la sabiduría tradicional se halla en el verso 1, sabio es el que conoce la interpretación de las cosas (Isaías 7, 1-9; Jeremías 18, 1-12), y se le conoce por su manera de actuar y su semblante (Job 29, 24).

La conclusión llega en los versos del 6 al 8, donde critica palpablemente la convicción de la sabiduría clásica, que al sabio no le podía ocurrir ningún mal.

Nos vamos convenciendo a lo largo de la lectura del Eclesiastés, que sólo la sabiduría es la que sale bien parada en todas sus conclusiones.

Pero, ¿Qué es la sabiduría? No la define de manera universal, hay que ir tratando caso por caso desde la experiencia personal, para el Predicador no hay una fórmula infalible que convierta a alguien en un sabio.

Versos del 10 al 15

Retribución, otra vez arremete Qohelet contra lo que dijeron los sabios antiguos y ahora con una resabiada ironía a partir de dos postulados clásicos que encontramos en los versículos 12b y 13 (Proverbios 14, 27; Salmo 37).

Existía la firme convicción que al que obra bien no le podía ir mal y a la inversa.

El sabio vuelve al tema de las injusticias del mundo (Eclesiastés 3, 16-18; 4, 1-3; 5, 7-9; 7, 15), los malvados que pasan por piadosos, la sentencia contra el crimen no ejecutada y la suerte que no toca a los honrados.

La experiencia es su mayor aval. ¿Solución? Qohelet no la ofrece, o mejor, la deriva hacia otro lugar, la felicidad mayor es alegrarse con lo que uno tiene, como en Eclesiastés 5 , 17-19.

Decíamos al principio que el Eclesiastés reflexiona al final de su vida, desde quien lo ha tenido todo se van planteando diversas cuestiones y ofrece sus propias conclusiones, sin importarle enfrentarse a las tradiciones.

Aquí, el tema en cuestión es la felicidad del ser humano o empleando el término técnico, la retribución. Para el Predicador, la única retribución a la que se puede aspirar es a disfrutar de las cosas cotidianas, dado que las situaciones injustas pertenecen a la trama con que está tejido el mundo.

Fracasaría, según él, quien se empeñase en obtener su recompensa por medio de la justicia. ¿Y por qué no buscar la felicidad, no tanto para conseguir la justicia, sino para luchar por ella?

Versos del 16 al 17

El destino humano, los temas que trata el Eclesiastés no son nuevos, el trabajo, la búsqueda de conocimiento, el destino común a hombres y animales, las injusticias, entre otros.

Al hombre le es difícil encontrar las siembras que engendran los frutos no deseados, lo que categoriza con el nombre de “injusticia”.

Sin embargo, debemos siempre tomar en cuenta que le servimos a un YEHOVAH DIOS, totalmente justo y bueno, por lo que el no saber de donde viene la cosecha de infortunios que le llegan al hombre sabio, no quiere decir que no haya sembrado para tal fin.

Cabe destacar, que el hombre en si mismo no ha engendrado su vida y mucho menos la duración de la misma está sujeta a su propio deseo, donde la verdadera sabiduría es caminar bajo el precepto de la humildad, en el que se resalta que vivimos para conocer y ejecutar los designios de YEHOVAH DIOS en nuestras vidas.

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