Mosqueteros de Yehovah

Eclesiastés Capítulo 2

Versos del 1 al 10

Segundo experimento, el disfrute y la alegría. Se describen las obras propias de un gran señor de Jerusalén en el ámbito agrícola y comercial y su vida cortesana (Genesis 9, 20; 1 Reyes 10,12; 11,1-3; 21,1; Isaías 5,1-3).

La conclusión a la experiencia de la vida opulenta la expresa el autor con ironía: “ésa fue la recompensa” en hebreo, “jélek” indica “lo perecedero de mis fatigas”.

También se encuentran ejemplos de este pesimismo en la literatura mesopotámica y egipcia de la antigüedad.

Trabajo o vida, para el sabio Qohelet da lo mismo, lo que uno recoge son fatigas.

El creyente no tiene por qué terminar aquí su reflexión. Qohelet ofrece una pista interesante: “¡el corazón hay que ponerlo en Quien concede una carga llevadera!” (Mateo 11, 29-30).

Versos del 11 al 26

Evaluación, con la expresión “nada se saca bajo el sol”, Qohelet evalúa sus experimentos anteriores.

¿Cuáles son los resultados de sus esfuerzos por adquirir bienes y sabiduría?.

1. En primer lugar (12-14a), aunque la sabiduría es mejor que la necedad, aquella no proporciona ventaja sobre ésta, pues la muerte equipara a sabios y a necios (3, 19; 9, 2-3).

2. En segundo lugar (14b-17), todo esto produce dolor y sin sentido (Jeremías 20, 14.18; Job 3 ,1-3).

3. En tercer lugar (18-21), y lo que parece más importante en este apartado, al dolor del esfuerzo en conseguir las cosas “yitrón” (Strong 3504) es el esfuerzo en sentido general, se une el del tener que dejarlas a quien no se ha fatigado, con el agravante de no saber si será “sabio” o “necio”.

En resumen, de los versos 22 al 26: “el único bien del hombre es comer…” (texto paralelo a 3, 12.22 y 8,15, Isaías 56, 12; 1 Crónicas 16, 3; 29, 22; Nehemías 8,10).

Con estas conclusiones, el Predicador se separa de la sabiduría tradicional, como en Proverbios 10, 7.9.16.17, y llega incluso a burlarse de la insuficiencia de la doctrina que justificaba el escándalo de las riquezas otorgadas al malvado (Proverbios 11, 8; 13, 22; Job 27,16-17).

El autor no habla de pervivencia después de la muerte, sino de que sabio y necio comparten una misma suerte (no así en Sabiduría del 2–5).

Sin embargo, Qohelet se mantiene en lo más ortodoxo de la Fe israelita cuando afirma que todo es don de Dios (vs 25).

Si probamos a leer este apartado comenzando por el final, tendríamos: “el único bien del hombre es comer y beber y disfrutar del producto de su trabajo y aun esto he visto que es don de Dios…”.

Aquí ha llegado el sabio después de haber examinado lo que queda de su sabiduría y sus bienes, como si dijera que el lugar donde se esconde el tesoro deseado está en lo más cotidiano, en el YEHOVAH DIOS de las pequeñas cosas.

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