Mosqueteros de Yehovah

Números Capítulo 8

Versos del 1 al 4

Este “Candelero” era uno de los artículos más hermosos, en todo el mobiliario del Tabernáculo.

Estaba hecho de oro labrado a martillo, era la obra de un artesano que lo había diseñado en forma de ramas de almendro.

Con una gran flor de almendro en el extremo superior de cada brazo, que servía para sostener las lámparas.

La luz de estas lámparas, revelaba y realzaba la belleza del “Candelero”.

Esta es una de las figuras más perfectas de Yeshúa Ha Mashiaj que hallamos en el Tabernáculo.

Las lámparas iluminadas representan al Espíritu Santo (Ruaj Hakodesh), quien revela toda su hermosura en la persona del Mesías.

Ahora, podemos entender porque el “Candelero” se encuentra mencionado aquí, entre las ofrendas de los príncipes de Israel a YEHOVAH DIOS.

Todo lo que hagamos, debe ser hecho a la luz de la presencia de Yeshúa Ha Mashiaj, simbolizada en el “Candelero”.

Todo lo que hacemos, debe ser hecho a la luz de la Palabra de YEHOVAH DIOS.

Encontramos en este libro de Números, cuatro marcas distintivas visibles.

Son impresiones digitales espirituales de la Iglesia visible. Y las mismas, están nuevamente presentes en Hechos 2, 42:

“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”.

La Ekklesía significa “salidos fuera”, tiene que caminar iluminada por esta luz.

La Ekklesía tiene que recibir sus instrucciones de la Palabra de YEHOVAH DIOS quien es su hacedor y proveedor, no de algún libro de conducta eclesiástica o algo similar, por el estilo.

Ahora, observemos lo siguiente.

El “Candelero” era fuente de luz, Yeshúa es la luz del mundo.

Yeshúa se revela así en la Palabra de YEHOVAH DIOS. Significa que nuestras ofrendas y nuestro servicio, son para Él.

Por ello, todo debe ser hecho a la luz de Su presencia.

Dicho de otra manera, debe ser llevado a cabo de acuerdo con su Palabra que es Verdad.

Y esta palabra, no la encontraremos “revelada” en ningún otro lugar, sino sólo en la “Palabra de YEHOVAH DIOS”. Aquí es donde se puede aprender de ÉL.

Versos del 5 al 8

La luz del “Candelero” y el “Lavacro” eran para el beneficio de los Levitas.

Los Levitas tenían que venir al “Lavacro” para su purificación por agua (signo de pureza por obedecer la Palabra).

Aunque los Levitas, ya habían estado ante el “Altar de Bronce”, el cual habla de la purificación por la Sangre del Mesías rociada en los cuernos.

Los Levitas tenían que ser limpiados para el servicio. Debían ser rociados con el agua de la purificación, lo cual se hacía en la pila o “Lavacro”.

En segundo lugar, afeitaban todo su cuerpo.

En tercer lugar, lavaban sus vestidos para purificarse.

En cuarto lugar, ofrecían una ofrenda por el pecado.

Ahora, Leví era uno de los hijos de Jacob y cuando Jacob le bendijo, le dijo, como leemos en Génesis capítulo 49, 5 al 7:

“Simeón y Leví son hermanos; armas de maldad son sus armas, en su consejo no entre mi alma, ni mi espíritu se junte en su compañía.

Porque en su furor mataron hombres, y en su temeridad desjarretaron toros. Maldito sea su furor, que fue fiero; y su ira, que fue dura. Yo les apartaré en Jacob, y los esparciré en Israel”.

Obviamente, necesitaban ser limpiados.

Lo importante para el hijo de YEHOVAH DIOS en la actualidad, no es cómo camina, sino por dónde camina.

El Apóstol Juan, en su primera carta, capítulo 1, versículo 7 dice:

“Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”.

Sin pasar por el “Lavacro”, no se accede al “Lugar Santo” donde está la Luz (Rema).

Cuando caminamos en la luz, en medio del “Lugar Santo” debemos reflejar al Espiritu de YEHOVAH DIOS, no las imperfecciones producto del pecado.

Pregúntate, si vas al “Lavacro” para lavarse en el agua de la Palabra y “purificarse”.

Ahora, fijémonos, que hay cuatro (4) pasos que se dan aquí para la “Purificación”:

1. “Rocía sobre ellos el agua de la expiación”.

Vemos que cuando Yeshúa Ha Mashiaj lavó los pies de los discípulos. Simón Pedro no quería aceptar ese gesto.

El Señor Yeshúa le dijo entonces, según leemos en Juan 13, 8:

“Si no te lavo, no podrás tener parte conmigo”.

Eso significa, que no tendría “Comunión o Compañerismo con Él”.

También Juan lo explica en su primera carta 1, 7: “Pero si vivimos en luz, como YEHOVAH DIOS está en luz, tenemos COMUNIÓN unos con otros”.

Si queremos servir a YEHOVAH DIOS, tenemos que confesar nuestros pecados.

El “Altar de Bronce” representa la “Cruz” y es el lugar donde el pecador acude para recibir la “Salvación”.

Y el “Lavacro” o pila, es el lugar al que el creyente, el Santo de YEHOVAH DIOS, viene para ser purificado.

2. El segundo paso que se da aquí para la “Purificación”, es “Pasarse la navaja sobre todo el cuerpo”.

Bernabé a los Hebreos  4, 12:

“Porque la palabra de YEHOVAH DIOS es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.

La Palabra de YEHOVAH DIOS penetra lo más íntimo de nuestras vida y saca toda clase cizaña que existe allí, lo malo, la perversión, lo impío, que ni siquiera nosotros mismos sabíamos que existían.

Juan 1, 7 expresa que si andamos en luz, como Él está en luz, tenemos COMUNIÓN unos con otros y la sangre de Yeshúa Ha Mashiaj su Hijo nos limpia de todo pecado.

Figurativamente hablando, necesitamos pasar la navaja afilada de la Palabra de YEHOVAH DIOS sobre nosotros.

No podemos pensar que no tenemos manchas. Por ello, tenemos que tener a mano la navaja de la Palabra de YEHOVAH DIOS.

La Biblia es una luz, pero también es una navaja cortante.

3. El tercer paso que se da aquí para la “Purificación”, se expresa de la siguiente manera: “Y lavarán sus vestidos”.

Un vestido habla de los hábitos de la vida. Debemos lavar nuestras ropas. Tenemos ciertos hábitos de los cuales debemos librarnos.

Muchos de nuestros hábitos pueden perjudicar nuestro testimonio para YEHOVAH DIOS.

4. El cuarto paso requería lo siguiente: “Tomarás otro novillo para expiación o sacrificio por el pecado”.

Se necesitaba un novillo para el “holocausto” con su correspondiente oblación “flor de harina amasada con aceite” correspondiente y otro novillo para la “ofrenda” como sacrificio por el “pecado”.

Estas “ofrendas”, como ya lo hemos visto, refieren a la persona de Yeshúa Ha Mashiaj.

El “holocausto” nos dice quién es Él. Y la “ofrenda de flor de harina” se refiere a la perfección impecable de Yeshúa Ha Mashiaj.

La ofrenda de Paz nos indica que Yeshúa Ha Mashiaj hizo la “Paz” entre nosotros y YEHOVAH DIOS, mediante Su sangre derramada en la Cruz.

Y la “ofrenda por el pecado” se refiere a lo que Yeshúa Ha Mashiaj, ya ha hecho por nosotros.

En otras palabras, todo este proceso de “Limpieza y Purificación” se lleva a cabo a la luz de la persona y la obra de Cristo, Yeshúa.

Yeshúa, hizo todo esto por nosotros, nos “Limpió y Purificó”. Lo hizo, para que pudiéramos Adorarle, Obedecerle y Servirle.

Versos del 9 al 16

Podemos desempeñar varias funciones en el cuerpo místico de Cristo y el de disponer de diversos talentos para cantar, leer la Palabra, predicarla, enseñarla.

Pero, dentro del cuerpo como Ekklesía no seremos efectivos hasta que nuestra manera de vivir, esté de acuerdo con la luz de la Palabra de YEHOVAH DIOS.

Necesitamos mirarnos a la luz de la Palabra de YEHOVAH DIOS para vivir de acuerdo a la cultura del Reino.

La Palabra de YEHOVAH DIOS es como un espejo nos proyectará nuestra imagen real, es decir, nos retratará como verdaderamente somos, tal como YEHOVAH DIOS nos ve.

Solo así nos conoceremos verdaderamente, viendo los aspectos negativos y no acordes a la Palabra, que debemos confesar porque son pecados ante YEHOVAH DIOS.

Porque por medio de Yeshúa Ha Mashiaj, ÉL nos “Perdonará y Limpiará”.

Será una buena forma de utilizar eficazmente aquella navaja afilada, que cortará hasta lo más profundo de nuestra vida, quitando toda la desobediencia a la Palabra de Verdad.

Necesitamos vigilar y con su ayuda, controlar o desechar ciertos hábitos si queremos ser usados por YEHOVAH DIOS.

Todo lo que somos y tenemos, debe someterse a este proceso de “Purificación”, fundamentado en la persona y la obra de Yeshúa Ha Mashiaj.

Se nota, en estos versos que todo el proceso tenía que ser realizado según instrucciones muy explícitas para que los Levitas pudiesen servir a YEHOVAH DIOS.

Verso del 17 al 23

Este tema fue previamente explicado y declarado en Números 3, 40-51

El Señor Yeshúa Ha Mashiaj pagó un precio y nos redimió para YEHOVAH DIOS con su propia sangre.

Ahora, el Padre nos ha entregado una vez más, como esposa, al Señor Yeshúa Ha Mashiaj. Le pertenecemos a Él.

Nuestro servicio para Yeshúa Ha Mashiaj, se apoya en normas y leyes.

“Porque le amamos cumplimos sus mandamientos y estamos en una nueva relación con ÉL”.

Hemos sido unidos a Yeshúa Ha Mashiaj y nuestra relación rota con el Padre es restaurada en Él.

Versos del 24 al 26

A los Levitas solo les era permitido servir en el Tabernáculo, una vez que hubiesen cumplido los 25 años.

En este libro, en nuestro estudio del capítulo 4, se explicó que los Levitas no podían entrar en el servicio sacerdotal hasta que cumplieran los 30 años.

Los Sacerdotes ejercían su servicio desde los 30 hasta los 50 años.

Los Levitas que realizaban actividades relacionadas con el Tabernáculo, instalándolo, desarmándolo o haciendo cualquier otro tipo de tareas, tenían edades comprendidas entre los 25 y los 50 años.

En el capítulo 1 de Números en su verso 3, vimos que cuando se efectuó un censo de todos los que podían salir a la guerra, los que fueron contados eran sólo los que tenían 20 años o más.

Por lo que más adelante está expresado en el capítulo 14 verso 29 de este libro de Números, al parecer, 20 años era la edad de “responsabilidad”.

Todos los que tenían 19 años se le permitiría entrar en la tierra prometida. Pero el que tenía 20 años, que había murmurado contra YEHOVAH DIOS, tendría que morir en el desierto.

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