Mosqueteros de Yehovah

Levítico Capítulo 4

En este capítulo el libro de Levítico se enumera ahora las ofrendas que son obligatorias para la expiación de los pecados, en contraste, con las ofrendas de los tres capítulos previos, que son realizadas voluntariamente con fines de elevación espiritual.

Estas ofrendas no pueden expiar por transgresiones que fueron cometidas intencionalmente.

Ninguna ofrenda bastaría para borrar la mancha de un acto tan pecaminoso.

Sólo podría lograrse, a través de la contribución y un cambio en las actitudes que conducen a que un hombre sea capaz de desobedecer la voluntad de YEHOVAH DIOS.

Por otra parte, si el pecado fue cometido por error y sin ninguna intención expresa, no es necesaria ninguna ofrenda.

Por ello, las ofrendas por pecado son necesarias para “expiar”, por actos que fueron cometidos involuntariamente como resultado de un descuido.

A pesar de que fueron fortuitos, tales actos, no dejan de mancillar al alma, la que necesita entonces ser purificada.

Si el pecador hubiese reflexionado sinceramente sobre la real gravedad del pecado, habría tomado los recaudos para que tales transgresiones (aunque inconscientes) no ocurrieran.

La experiencia nos demuestra que la gente tiende a ser cuidadosa con cosas que les son importantes y descuidadas respecto a las que no lo son.

Por ejemplo, si el Shabbat fuera verdaderamente importante para alguien, no lo transgredería, ni por error, ni habría “olvidado”, que día de la semana era.

También, si la persona exhibe el nivel necesario de precaución para evitar el consumo de alimentos prohibidos, como comer pan leudado en la Fiesta de Panes sin Levadura, no hubiese sucumbido en el descuido como para comerlo.

El fundamento del pecado involuntario es el Olvido de los Pactos.

Versos del 1 al 4

Ahora pasamos a la ofrenda de “jatat”, es “error”, “pecado”, viene de la raíz “jatá”, que significa “fallar”, “errar”, “pecar”.

En el Vs 23, esta ofrenda también es llamada “corbán”, lo cual nos enseña que también es un medio para poder acercarse a YEHOVAH DIOS.

Aunque en estos versículos no se usa la palabra “corbán”, “ofrenda”, como en el caso de la “olá” y la “minjá”, sino sólo “le-jatat”, “por pecado”, porque no es lo mismo dar un regalo, que pagar una deuda.

En la Septuaginta fue traducida simplemente como “pecado”. Así que el término griego técnico para una “ofrenda de pecado” es simplemente “pecado”.

De acuerdo a ello, podremos entender correctamente el texto griego de 2 Corintios 5, 21, donde está escrito:

“Dios hizo cargar con nuestro pecado al que no cometió pecado, para que así nosotros participáramos en él de la justicia y perfección de Dios.”

Todo el Santuario, incluyendo sus enseres, su Sacerdocio y su ritual, tenía que ver con el pecado.

Los servicios giraban en torno de la desobediencia del hombre y de la necesidad de Salvación.

Si no hubiese sido por el pecado, no se hubiera necesitado tener un altar sobre el cual colocar las víctimas.

Ni hubiera sido necesario matar animales, derramar la sangre y realizar el ministerio de la expiación.

Sin duda, habría existido un lugar donde el hombre pudiera encontrarse con YEHOVAH DIOS, pero el servicio hubiera sido de una naturaleza enteramente diferente.

La pecaminosidad del pecado no depende necesaria, ni exclusivamente, de lo que se hace.

No siempre, son igualmente culpables dos personas que cometen el mismo pecado. La luz siempre trae consigo la responsabilidad.

El mismo pecado, cometido por un salvaje ignorante y por un hombre civilizado, debe ser considerado y juzgado en cada caso desde un punto de vista diferente.

YEHOVAH DIOS toma todo esto en consideración y en el capítulo que ahora estudiamos y toma medidas para ello.

En este capítulo se consideran cuatro clases de transgresores, cada una recibe el castigo según su posición.

Del Vs 3 en adelante, habla que el pecado de una persona prominente, afecta a más personas que el de una persona menos distinguida, por lo tanto, debe recibir un castigo más severo.

Todos los Sacerdotes eran ungidos, pero sólo el Sumo Sacerdote era ungido en la cabeza, por lo tanto, por su preeminencia se lo llama “el Sacerdote Ungido” (Éxodo 29, 7-9; Levítico 8, 12-13).

Se lo designa como “el Sumo Sacerdote entre sus hermanos, sobre cuya cabeza fue derramado el aceite de la unción” (Levítico 21, 10).

Sólo cuatro veces aparece como “Sumo Sacerdote” en los libros de Moisés y en cada caso la traducción literal del hebreo sería “gran Sacerdote” o “principal Sacerdote” (Levítico 21, 10; Números 35, 25.28).

En hebreo es “ha-cohén ha-mashíaj”, es la primera vez que aparece la expresión “ha-mashíaj”, “el ungido”, en el Pentateuco. La expresión aparece tres veces en este capítulo, Vs 3, 5 y 16.

Esta era la misma ceremonia como en todos los otros sacrificios, salvo el de las aves.

La imposición de manos no sólo indicaba la dedicación del animal a YEHOVAH DIOS, sino que, al apoyarse en su cabeza, quien ofrecía el sacrificio se identificaba con el animal y éste se transformaba en su sustituto.

La imposición de la mano iba acompañada de la confesión del pecado, que había ocasionado la presentación del sacrificio.

Versos del 5 al 12

Aquí está escrito en el original que “HaMashíaj” es el que trae la sangre al Tabernáculo.

De la misma manera, Yeshúa el Mesías llevó su propia sangre al Tabernáculo en el cielo.

Puesto que no había ningún Sacerdote de más jerarquía que el Sumo Sacerdote que pudiese oficiar por Él, Él mismo debía ministrar la sangre.

En los sacrificios ya considerados, la sangre era rociada en el altar del holocausto en el atrio o puesta sobre sus cuernos.

Cuando el Sacerdote ungido pecaba, la sangre era llevada dentro del Tabernáculo.

Sin duda, esto se debía a que su pecado era considerado más grave que el de cualquier otra persona o de mayor importancia ante YEHOVAH DIOS.

El Sacerdote mojaba su dedo en la sangre y la rociaba siete veces delante del velo, “delante de YEHOVAH DIOS”.

También colocaba parte de la sangre sobre los cuernos del altar del incienso y asimismo “delante de YEHOVAH DIOS” (Vs 7).

Debiera notarse, que el Sacerdote no rociaba la sangre sobre el velo, sino delante de él.

También, es de interés que no usaba más que un dedo para rociar esa sangre.

Además, esta aspersión se hacía sólo cuando el Sacerdote ungido o la congregación entera pecaba.

Además, de asperjar la sangre delante del velo, el Sacerdote ponía parte de la sangre sobre los cuernos del altar del incienso.

Al hacerlo, tocaba cada cuerno y dejaba la huella de la sangre con su dedo, registrando así el hecho de que se había cometido un pecado y que se había ofrecido el sacrificio.

La sangre, que colocaba sobre los cuernos, era de un animal que llevaba la culpa del pecado y por lo tanto era sangre cargada de pecado.

Esto exigía que se hiciese “sobre sus cuernos expiación una vez al año” (Éxodo 30, 10).

La parte de la sangre que no se usaba, era vertida en la base del Altar del Holocausto.

No se hace mención de que fuera “olor grato para YEHOVAH DIOS”.

Sin embargo, el hecho de que se la pusiese sobre el altar, indica que era agradable a YEHOVAH DIOS.

Las partes que se quemaban en una ofrenda por pecado, eran las mismas que las de la ofrenda de Paz.

Todo el becerro, era llevado fuera del campamento y quemado en un lugar limpio, no para deshacerse de él, ni porque se lo considerase inmundo, porque claramente se lo designa “cosa santísima”.

El libro de Hebreos, le da un sentido simbólico, al hecho que la víctima fuese quemada, fuera del campamento.

Dice el escritor a los Hebreos: “También Yeshúa… padeció fuera de la puerta. Salgamos, pues, a Él, fuera del campamento, llevando su vituperio” (Hebreos 13, 12-13).

El hecho que el cuerpo fuese quemado fuera del campamento, era un símbolo del Mesías crucificado fuera de la ciudad de Jerusalén, “para santificar al pueblo mediante su propia sangre” (Hebreos 13, 12).

Sin embargo, no era la sangre como tal la que hacía la expiación, sino la sangre derramada y aplicada.

No podía efectuarse expiación matándose al animal y derramando su sangre en el suelo.

La sangre debía ser recogida en una vasija, luego el Sacerdote la ministraba, rociándola en otras formas.

Era la sangre rociada la que efectuaba la expiación, se hacía expiación con la sangre aplicada a los cuernos del altar, no con la que era vertida en el suelo.

Lamentablemente hay creyentes que hablan de la “sangre derramada”, expresión que no aparece en la Biblia y se olvidan de la sangre “rociada”, que era la única que podía efectuar la expiación.

La sangre derramada era la sangre no utilizada, que se vertía al pie del altar luego de haberse completado la expiación.

Bernabé habla de la “sangre rociada” en Hebreos 12, 24, es la sangre usada para ministrar.

Cuando fue instituida la Pascua, se le ordenó a Israel que matara un cordero y pusiera su sangre en las jambas y el dintel de la puerta (Éxodo 12, 7. 22-23).

YEHOVAH DIOS no prometió que los primogénitos se salvarían por haberse dado muerte al cordero. La Salvación ocurría porque se había aplicado esa sangre.

Versos del 13 al 18

Las personas podrían pecar a menudo y presentar las ofrendas necesarias.

Rara vez la nación entera podría pecar “por yerro”. Cosas que no se han de hacer.

Aquí se incluyen todos los pecados, grandes y pequeños, pero se refiere sobre todo a los así llamados pecados pequeños.

No se refiere esto a la “violación abierta”, sino al pecado relativamente leve, “contra alguno de los mandamientos en cosas que no se han de hacer”.

Cuando se hacía esto, se incurría en culpa y debía presentarse una ofrenda por el pecado a la puerta del Santuario.

Eso implica, que se ignoraba que lo que había hecho, era pecado.

En tales circunstancias, “toda la congregación” debía presentar la misma ofrenda exigida del Sumo Sacerdote cuando pecaba.

El becerro lo proporcionaba la congregación, por cuanto todos eran considerados culpables.

Los ancianos, elegidos de entre las diferentes tribus, llevaban el becerro al lugar del sacrificio, ponían sus manos sobre él y lo degollaban.

Nada se dice aquí de la confesión, pero ésta, está implícita en la imposición de manos. Sin confesión, la presentación de una ofrenda no valdría de nada, porque no habría transferencia de pecado, del pecador al sacrificio.

Además, no es la forma en que se hace la confesión, sino el “confesar” es lo que es aceptable ante YEHOVAH DIOS.

La ministración de la sangre era la misma que en el caso del Sacerdote que pecaba.

Debido a que el Sacerdote usaba sólo un dedo para realizar el ministerio de la sangre, se usaba solamente una pequeña porción de la sangre del becerro.

Versos del 19 al 26

Acabado el ritual de la sangre, el Sacerdote quitaba toda la grasa del becerro, siguiendo el mismo procedimiento como en el caso de que hubiese pecado el Sumo Sacerdote.

En el caso del Sumo Sacerdote ungido no se dice nada de expiación ni de perdón. Indudablemente, recibía el perdón, como los otros, cuando confesaba sus pecados.

Parecería que por ministrar el Sumo Sacerdote su propio sacrificio, un hombre podía hacer expiación por sí mismo, de ahí que se omita esta declaración.

Pero, en el caso del pueblo, el Sacerdote debía hacer expiación por ellos, y obtenían “perdón”.

El ritual de llevar al becerro fuera del campamento para quemarlo en un lugar limpio, era el mismo que se efectuaba en el caso cuando el Sumo Sacerdote pecaba.

Vs 22  El “jefe” se refiere al principal de la tribu o el principal de una división de una tribu.

Se incluyen tanto dirigentes civiles como religiosos: príncipes (Génesis 17, 20; 2 Crónicas 1, 2) y jefes (Números 2, 3; 3, 24.32).

Posiblemente el jefe no se había dado cuenta de su transgresión.

No se esperaba que un jefe conociera tanto de la Ley, como el Sumo Sacerdote ungido.

Por lo tanto, la ofrenda que de él se exigía era de menos valor que la que se pedía del Sumo Sacerdote.

Si un jefe, un rey o un miembro del Sanedrín peca por error en alguna de las cosas prohibidas, si se comete deliberadamente, tiene que presentar un macho cabrío como sacrificio de pecado.

Si sabe con certeza que cometió el pecado en cuestión, realiza la ofrenda descrita más adelante, pero si su transgresión es dudosa, trae la ofrenda de culpabilidad descrita en Levítico 5, 17-19.

Se sigue el mismo modelo de las otras ofrendas y el significado es el mismo. Al poner sus manos sobre la víctima, el pecador se identifica con ella, le transfiere sus pecados por confesión y la presenta como su sustituto.

En el lugar donde es degollada la “olá”, al lado norte del altar, se degolla el “jatat”, para no avergonzar al pecador, Vs 29 y 33.

Así los demás no ven si el sacrificio es de ascensión o de pecado y no hay lugar para malos pensamientos y malas lenguas.

YEHOVAH DIOS protege de esa manera la fama del pecador arrepentido.

La ministración de la sangre del macho cabrío es diferente de la del becerro.

En este caso el Sacerdote no lleva la sangre al santuario, sino que la recoge en una vasija y la lleva al altar del holocausto. Allí aplica con el dedo la sangre a los cuernos del altar.

En todos los casos, ya fuera holocausto (Levítico 1, 8), ofrenda de paz (Levítico 3, 3) u ofrenda por el pecado (Levítico 4, 8), toda la grasa que se podía sacar era quemada sobre el altar.

Con esto, el Sacerdote terminaba su tarea en favor del jefe que había pecado, el cual se iba perdonado. No aparece ninguna instrucción en cuanto a lo que debía hacerse con el cuerpo de la víctima.

Según Levítico 6, 26 el Sacerdote recibía la carne y debía comerla en el Lugar Santo, en el atrio del Tabernáculo de Reunión.

Versos del 27 al 35

Si es un propietario el que por inadvertencia traspasó una prohibición de YEHOVAH DIOS, el procedimiento era igual que en el caso del jefe, con la excepción de que la persona debía presentar una hembra y no un macho.

Se consideraba de menor valor a la hembra que al macho, por lo tanto, era más fácil conseguirla.

El ritual de la sangre y de la eliminación de la grasa era igual al prescrito para los jefes que habían pecado.

Si un miembro del pueblo peca por error, en alguna de las cosas prohibidas que producen pecado y lo comete deliberadamente, tendrá que traer una cabra como sacrificio de pecado para que reciba el perdón.

Siempre se quemaba la grosura sobre el altar, debe haber sido aceptable a YEHOVAH DIOS, porque nunca se permitía cosa inmunda sobre el altar.

Un cordero costaba menos aún que una cabra y por esta razón se esperaba que un hombre pobre presentase un cordero. El cordero era la ofrenda del pobre.

Es significativo, que repetidas veces se llama a Cristo el Cordero de YEHOVAH DIOS. Es el sacrificio del pobre.

En todos los otros aspectos, el ritual era el mismo que se seguía con la cabra.

Todos los requisitos para la presentación de ofrendas de diferentes valores, reflejan tanto la Justicia como la Misericordia de YEHOVAH DIOS.

En primer lugar, el valor del sacrificio que debía presentarse estaba determinado por el grado de culpa del pecador y en segundo lugar, por sus recursos para comprar una ofrenda.

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