LECTURAS
DEL SHABBAT
EVANGELIO
Mateo 18, 21-35
1RA LECTURA
Eclesiástico 27, 30-28, 9
2DA LECTURA
Romanos 14, 7-9
SALMO
103, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12
Reflexión de la Palabra Semanal
Feliz Fiesta de Trompetas, Esher Yom Teruah Preciosos Reyes amados, al sonar del Shofar en el desierto los israelitas obedecían inmediatamente preparándose para ejecutar la acción de acuerdo al llamado de la trompeta, ya sea para levantar el campamento y marchar o para estar atentos a la presencia de YEHOVÁH en la tienda de las citas divinas o bien tomar posiciones de batalla, o el anuncio del avistamiento de la luna nueva para ofrecer al Altísimo todas las obras del nuevo mes, entre otros llamados.
Yom Teruah o Fiesta de trompeta es sinónimo de prepararse para lo inminente, en este Shabbat suena el shofar para advertirnos que debemos erradicar todo rencor y deseo de venganza contra el prójimo, ya que se avecina el tiempo en que Yehováh viene a ejercer Su Juicio sobre la tierra, por lo que debemos ser practicantes activos de la misericordia con nuestros hermanos, para obtener misericordia de parte del Altísimo Padre Creador Yehováh de los ejércitos.
En el contexto de una sociedad insegura y violenta como la que vivimos, expresiones de odio, venganza, resentimiento y daño se ven cotidianamente en medio de una cultura de muerte que se opone al realce de la fidelidad matrimonial, presenta una estructura moral y por ende social totalmente quebrada.
Delitos de odio, como la discriminación en todas sus formas, especialmente la xenofobia, la intolerancia, la violencia de género y la violencia doméstica, entre otros males, claman por la transformación del sistema social vigente.
El creyente ha de saber que el odio en medio de la raza humana, es la consecuencia de mostrarse primeramente indiferentes a los Mandamientos de Yehováh.
La Primera Lectura tomada del libro de Eclesiástico, un libro del Antiguo Testamento escrito en siglo II a. C., afirma que el rencor y la ira son patrimonio del pecador y si alguien mantiene su enojo contra otro, no puede pretender que Dios lo sane.
En este texto hay una correcta visión con respecto a la “ley del talión” “ojo por ojo y diente por diente” subrayando que lejos de la venganza está la restitución, donde quien oprime a su hermano causándole algún perjuicio, debe restituirle asumiendo la responsabilidad de suplir con su propia vida y recursos para devolver la capacidad al prójimo de llevar una vida satisfactoria.
La Palabra de Yehováh no se contradice, las interpretaciones que le dan los hombres, eso sí que son otra historia. De hecho, este es el motivo por el cual hay tantas denominaciones de creyentes de una misma escritura Sagrada.
Por su parte, el Salmo responsorial recuerda que Dios “es lento para enojarse”, muy al contrario de nosotros. También aparece la dupla perdón-sanación cuando afirma: “Él perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias”.
Además, se alude a su infinita misericordia, porque, pasando por alto su justicia, “no nos trata según nuestros pecados, ni nos paga conforme a nuestras culpas”
En el Evangelio de este domingo, por su parte, el Apóstol Pedro pregunta, con actitud discipular, cuántas veces tiene que perdonar.
De entrada, la interrogación conlleva la posible afirmación de decir una cantidad determinada de veces. Yeshúa, muy sabiamente, no afirma que el perdón sea una cuestión de cantidad.
Pedro cuestiona cuál es el límite del perdón y Yeshúa responde, desde un aspecto cualitativo, acerca de la disposición de aquel que perdona.
No contesta desde un aspecto cuantitativo de veces que se reitera, sino desde un perdón cualitativo que rompe con los sentimientos de despecho, de rencor y de venganza.
La expresión “setenta veces siete” no alude a una cifra exacta, sino que es un elemento enfático en el diálogo para decir que no hay que contar las veces que se perdona, ya que Dios, no lo hace con nosotros, sino que el perdón debe ser ilimitado.
Para Yeshúa, el perdón, no tiene límites, siempre y cuando el arrepentimiento sea sincero.
El uso de un múltiplo de siete -número que en la Biblia representa la perfección, implica que, en el perdón perfecto, no hay límite alguno posible.
Finalmente, en la Segunda Lectura tomada del Apóstol Pablo a los cristianos de Roma expresa, con contundencia, que la existencia cristiana tiene sentido en función de la vida y de la muerte del Señor, ya que a Él pertenecemos.
La vida y la muerte del creyente se definen por esa pertenencia, porque es Él el que define si nuestra vida es vida y nuestra muerte es muerte.
Es por eso que la muerte y la resurrección del Señor acontecen continuamente en nosotros como fuerzas unidas y transformadas en la Pascua siendo Yeshúa el “Señor de los vivos y de los muertos”
A su vez, en relación a los demás, cada uno de nosotros, no puede vivir para sí mismo, en sí mismo, de sí mismo, sino que hay que abrirse a los otros, convivir con los otros y servir a los otros.
No se trata solamente de empatía y de solidaridad, sino de donación y de entrega. Este texto del Apóstol Pablo es una profunda síntesis existencial de la vida cristiana. Para el creyente, lo fundamental es pertenecer, referirse, orientarse y definirse por su vinculación con el Señor. Él es el eje de toda la existenciaS